Sebastián

/soldado mártir. Año 300.

/San Sebastian

Se dice de él que entró a la vida militar para poder ayudar a los cristianos que estaban prisioneros. Una vez un mártir estaba para desanimarse a causa de las lágrimas de sus familiares, pero el militar Sebastián lo animó a ofrecer su vida por Jesucristo, y así aquel creyente obtuvo el glorioso martirio. Dicen los antiguos documentos que Sebastián era Capitán de la Guardia en el Palacio Imperial en Roma, y aprovechaba ese cargo para ayudar lo más posible a los cristianos perseguidos.
Pero un día lo denunciaron ante el emperador por ser cristiano. Maximino lo llamó y lo puso ante la siguiente disyuntiva: o dejar de ser cristiano y entonces ser ascendido en el ejército, o si persistía en seguir creyendo en Cristo ser degradado de sus cargos y ser atravesado a flechazos. Sebastián declaró que sería seguidor de Cristo hasta el último momento de su vida, y entonces por orden del emperador fue atravesado a flechazos. En Roma le levantaron desde muy antiguos tiempos una basílica en su honor. Ha sido invocado por muchos siglos como su Patrono contra las flechas envenenadas y para librarse de plagas y enfermedades. San Ambrosio pronunció hermosos sermones acerca de San Sebastián. Es patrono de los arqueros, los soldados y los atletas.

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El nombre "Sebastián" significa: "Digno de respeto. Venerable".

SAN SEBASTIAN EN POMAN. UN POCO DE HISTORIA
El primitivo dueño del Actual Pomán (Socoma antiguo), don Sebastián de Loria, traería consigo desde la lejana España, al santo de su nombre y devoción: San Sebastián, español también como él, para que lo acompañe en la tarea de colonización y evangelización, en la que estaban empeñados los españoles, en nombre de su Rey.

A la muerte de Loria, su viuda doña Catalina de Artaza, contrajo matrimonio en segunda nupcias con otro heroico español, quien fuera el General Francisco de Nieva y Castilla, aquel que se lleno de gloria y méritos en su titánica lucha con los bravos indígenas, que no daban tregua a los españoles, defendiendo sus tierras.

Este matrimonio mantuvo y acentuó la devoción a San Sebastián entre los pobladores de su estancia.

Luego aconteció la refundación de Londres por quinta vez, ahora con el nombre de "San Juan Bautista de la Rivera de Londres de Pomán", hecho ocurrido un 15 de Septiembre de 1633, y ejecutado por el General Gerónimo Luis de Cabrera, quien eligió este lugar como el mas conveniente para su estrategia de guerra, ya que era un poblado donde Nieva y Castilla tenia levantado un fuerte.

Esta ciudad tubo la misma suerte que las anteriores dado que, antes el constante acecho de los indios, la mayoría de sus habitantes emigraron a la vecina localidad Riojana de Los Sauces, llevándose consigo al Santo Patrono, que era San Blas.

En Pomán sólo quedó el valiente Nieva y Castilla con su familia, unos pocos españoles e indios de su encomienda que le eran fieles y, por supuesto, la imagen de San Sebastián, a quine honrarían con solemnidad cada 20 de enero, fecha señalada por el calendario Romano para su conmemoración, y desde ese lejano tiempo hasta nuestros días.

Paulatinamente corrieron los años, hasta que en un fatídico 4 de febrero de 1893, las entrañas de la tierra se estremecieron con tal furia que derribó algunos edificios, entre ellos el humilde templo. El cielo derramó agua a torrenciales y el río desbordó su cauce generando el pánico entre los habitantes que buscaban lugares elevados en procura de salvación.

Todo se había perdido, menos la fe; de manera que prestamente se levantó en la plaza pública una rústica capilla, (capilla-rancho, diríamos ahora), y allí se ubico San Sebastián.

La gente se reunía para elevar preces y encender velas, como lo fue y es costumbre entre los fieles. Pero, ¡Oh fatalidad!, estas provocaron un incendio de tal magnitud, que por poco acaba con lo poco que se había rescatado de la destruida capilla.

Cuenta la tradición, que a la noticia del siniestro, acudieron en salvataje los hombres respetables del pueblo; los Villafañez, Noblega, Espeche, Remigio Gaffet (Francés), los Carrizo, López, Montiveros y tantos otros.

Se dice también, que don Segundo de Nieva y Castilla, haciendo gala del coraje y valentía que le caracterizaba, en un acto de arrojo, desafió las llamas y se lanzó contra ellas tratando de salvar a San Sebastián de sus ancestros, pero sólo pudo recuperar unas de las manos del Santo.

Esta mano lo acompaño por el resto de sus días. La llevaba consigo en todos sus viajes, gira política o militar que realizaba, como caudillo que era. Luego de su muerte, sus hermanas Fabiola y Leonor, posteriormente otro familiar, doña Teresita de Nieva y Guzmán, y hoy don Oscar Reyes, le dieron el trato y respeto que para ella tenia don Segundo.